Vg.



Se puede, en toda devastación común, por mucho que los carteles lo prohíban y los agentes del orden así lo dispongan, palpar el sentido interno y genuino brillo de la creación; esa brecha límite y delicada que nos impulsa desde la herida. Ella nos consume y da cuerda (como un burdo respirador artificial), aunque sea por unas cuantas horas más.


Allí, durmiendo sobre la cicatriz impuesta y oficial cordón, pace la actitud de abjurador, el irónico aprecio a las formas, la heteroglosia capaz de sintetizarse y en mi particular afán, esa vocación por el sonido (verso amparado por el desconcertante poder del ritmo) tal como Borges, en su filológica obsesión con el ALEPH o Rothko, queriendo desnudar el delirante misterio del rojo y es que ante el espejo, descreo

de este mono parlanchín, la funcional dialéctica y el imperio de la sintaxis coordinada. La suma ya no congrega mi pasión y en el fondo, muy al fondo de esta poza confusa, sincero intuyo, que debe haber algo más o mejor aun, NADA, donde antes creímos despuntaba una magnánima estructura de rascacielos definiendo la herida, el respirador, mi propia voz y silencio; con un patentado signo, el de todos, que en concreto, no son más que eso. Un vano ser.


Autor: Daniel Rojas.


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  • Publicado: Martes, 11 Marzo 2008 20:13:21 GMT
  • En: Cinosargo (Filosofía)
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